martes, 25 de enero de 2011

LA LUPE - PURO TEATRO - FANIA RECORDS



“Creo que le gusto a la gente”, le dijo La Lupe a la revista Look en 1971, “porque hago lo que ellos quisieran hacer, pero no hacen porque no son libres”. Es cierto que hay quienes dirían que la Yi Yi Yi—una de las cantantes más electrizantes que jamás hayan fulmi- nado por el Planeta Tierra—era la pura encarnación del espíritu libre; y otros dirían que simplemente estaba poseída. Literalmente. No sorprendería a nadie si lo estuviera, dada la tendencia de esta vocalista voluptuosa de tirarse contra las paredes en el escenario, arrancarse la ropa, tirarles sus zapatos y sus joyas a los músicos de su grupo, arañarse y rasgarse a sí misma, y todo esto mientras orgásmicamente cantaba a toda voz, como si estuviera en un trance. “¡Yo canto con delirio!” cantó una vez, y así lo hizo, convirtiendo cada canción en un drama total. Algunos la criticaron por vestirse como una prostituta, mientras otros abrazaron su evidente sexualidad. Sus presentaciones en el escenario y grabaciones en discos reflejaban su tumultuosa vida personal y fueron, de hecho—al igual que el nombre de una de sus canciones más famosas—puro teatro.

Un crisol de Eartha Kitt, Edith Piaf, Olga Guillot, y Nina Simone, la voz tempestuosa- mente elástica de la cantante podía a la vez mimar e incinerar a cualquier género. Ya fuera interpretando boleros o sones montunos, canciones pop o cantinelas del rock-and-roll, clásicos del jazz o números de Broadway, La Lupe simplemente no podía contener la música dentro de sí misma, y nadie—sea Fidel Castro, Mongo Santamaría, Tito Puente, o Morris Levy—jamás podría, sin importar lo mucho que intentara, domar su energía filarmónica. Era un desgarrador juego entre el impulso y la artesanía, fuese su plataforma la calle, el club, o la sala de conciertos. El drama musical de tal nivel le permitió viajar el mundo y, según informes, atrajo a celebridades internacionales y sofisticadas como Marlon Brando, Ernest Hemingway, Simone de Beauvoir, Tennessee Williams, Picasso,
La Lupe in a Recording session for the album Stop I’m Free Again, 1972. Courtesy of Izzy Sanabria’s Archive.
y Jean-Paul Sartre a su cortejo, pero todos aquellos que la vieron en persona—desde la gentuza hasta la realeza, jóvenes o viejos, ya fuese en su Cuba natal, en los Estados Unidos o en América Latina—no eran capaces de olvidarla. ¿O lo fueron? Miles asistieron a sus shows—desde el Birdland hasta el Palladium, de Carnegie Hall a Madison Square Garden—y millones de fanáticos compraron sus discos; millones más la vieron en la tele- visión. Pero sin embargo, a pesar del renombre y de haber sido coronada la “Reina del Soul Latino”, y a pesar de haber grabado dos docenas de dinámicos álbumes, una de las artistas más carismáticas del siglo XX murió como una mendiga.

Érase una vez, mucho antes de que el popular anfitrión de televisión Mike Douglas la presentara como una leyenda cuyo estilo era “sexo, fuego, soul, y vudú, mucho antes de que la revista Look declarase que “comparada con ella, Jane Birkin suena como una perrita”, mucho antes de que se le asociara con drag queens y drogas, y antes de que una publicación cubana declarase que ella era “un caso psicosomático que divide a Cuba en dos”, y definitivamente eones de cultura popular antes de que las masas se volvieran locas por el linaje de La Lupe (Lady Gaga), La Lupe, cuyo nombre verdadero era Lupe (aunque hay quienes dice que fue Guadalupe) Victoria Yoli Raymond, nació en San Pedrito, un pueblo en la parte sur de Cuba, cerca de Santiago de Cuba. Parece que se ha llegado a un acuerdo sobre el día de nacimiento de La Lupe—el 23 de diciembre—sin embargo, quizás de manera digna de una figura tan controversial, el año específico de su nacimiento parece ser tema debatido. La mayoría de las fuentes dicen que es 1936 o 1939. Metraje de archivo del funeral de La Lupe muestra el año 1936 como la fecha anotada en su ataúd, mientras la lápida de La Lupe en el cementerio St. Raymond en el Bronx cita el 1939 como el año de su nacimiento.
Su pueblo natal era tan rural que ella comentó, “Nací en un pueblo tan pequeño que nadie lo conocía hasta que yo me fui”. En el excelente documental de Ela Troyano para
PBS, La Lupe – Queen of Latin Soul, Norma Yoli, la hermana de Lupe, la describe como “simplemente otra niña negra a la que nadie prestaba atención y a quien le encantaba meterse en la [fila de] conga y bailar”. Por otra parte, la joven Lupe se inspiró a cantar tras ver una presentación en televisión de Edith Piaf. Aunque la música le atrajo desde tem- prana edad, los padres de Lupe le insistieron que ejerciera una profesión más estable—la de maestra—y obedeció sus deseos, aunque le resultó difícil resistir su burbujeante pa- sión, especialmente cuando su familia se mudó a La Habana cuando La Lupe era una adolescente. Allí estudiaba por el día y comenzaba a cantar por las noches.

Tras ganar un concurso cantando como la conocida cantante de boleros Olga Guillot, Guillot la animó a cultivar su propio estilo, lo cual se propuso hacer dentro del mundo de los clubes nocturnos de la Habana. “La Habana de La Lupe [del 1957 al ’60] contaba con el ambiente nocturno más grande del mundo”, dice el musicólogo cubano Helio Orovio en la película de Troyano. “Lupe era un fenómeno de su época, y era una época de locura... La Lupe absorbió todo aquello y lo lanzó hacia afuera”. De hecho, el ambi- ente de fiesta nocturno de la Habana antes de Castro fue infame por su creatividad y exceso, y pronto La Lupe llegó a formar parte de un trío llamado Tropicuba, un grupo que le brindaría a la cantante su primer gustazo de popularidad profesional, además de su primer esposo. Luego de que su marido la engañara con la otra integrante de Tropicuba, el turbulento matrimonio—y el grupo—no duraría más y ello marcaría el comienzo de una serie de relaciones abusivas para La Lupe, relaciones que muchos creyeron ser el com- bustible de su candente personalidad en el escenario a través de su carrera.
Así es que La Lupe se lanzó al mundo sola, consiguiendo presentarse en un club llamado La Red, y acumuló un grupo de leales seguidores presentándose siete veces cada noche por $28 a la semana. “Ella hacía algo, y si al público le gustaba, lo repetía”, recordó en el documental de Troyano Homero Balboa, su pianista en aquel momento. “Si me pegaba en
la cabeza con un zapato y se reían, me pegaba todas los días... En aquel entonces teníamos a los hippies y a los existencialistas. Y ese público la acogió inmediata- mente. La gente que se ponía la camisa al revés, esa era su audiencia”. Sin embargo, sus compañeros músicos no eran los únicos que soportaban tales abusos, ya que La Lupe se arrancaba el pelo, se mordía, y se flagelaba por todo el escenario. “Se rasgaba el vestido. Se sacaba un seno del vestido y lo golpeaba contra el micrófono”, recordó un cliente de La Red en un artículo en la revista New York en 1969. “Ella era muy femenina y macha a la misma vez—agresiva, irreverente”, añade el musicólogo Orivio en la película de Troyano. “Ella fue como un tipo de antecedente a los raperos... Hablaba, gritaba, se lanzaba contra la pared, y la música seguía tocando. La música seguía en una dirección y ella en otra. Pero toda esa incoherencia tenía sentido”.

En 1960, tendría tanto sentido que a los 22 (ó 23) años firmaría un contrato con la disquera afiliada de RCA, Dis- cuba Records. Los dos LPs, Con el Diablo en el Cuerpo y La Lupe Is Back, establecerían más o menos el esquema musical que seguiría a través de su carrera cantando en “spanglish”, el cual mezclaba conocidas canciones pop como “Fiebre” (“Fever”) con crudas descargas indíge- nas. Y aunque su primer LP fue probablemente titulado
así por el extático tema principal escrito por Julio Gutiérrez, y no (necesariamente) por la tendencia de La Lupe de aparentar estar “poseída” en el escenario, no se podía culpar al público consumidor si, luego de ver en ambos lados del álbum las imágenes de la mujer claramente transfigurada, quizás pensaron que el diablo se escondía en las ranuras de vinilo del disco. Pero justo cuando La Lupe comenzaba a revolucionar lo que podía lograr una cantante femenina (y para colmo, negra), su estrella fue eclipsada por una fuerza aún más poderosa, a quien algunos miraban como el salvador, y otros como el diablo supremo.

“[Fidel Castro] dijo que yo le estaba robando atención a su revolución, y dijo que me tenía que ir”, le dijo La Lupe a Rolling Stone en 1972. “Cuando hay revolución, no puede andar por ahí alguien como [Beny Moré] o como yo. Le quitamos toda la atención. Yo existo para todos, no me limitan las revoluciones, ¡soy para todo el que tenga soul!” Y así, en 1962, La Lupe se llevó su soul rumbo al norte, primero a México, luego a Miami, y luego a la Gran Manzana, donde se halló sin pompa ni circunstancia rogando por la oportunidad de presentarse junto a todos los otros desconocidos que también esperaban su gran oportuni- dad. Por suerte para La Lupe, su gran oportunidad se presentó vía un compatriota exilado conocido por los tórridos ritmos que creaba con sus manos. “Ella era famosa en Cuba, pero eso no importaba aquí”, recordó el ahora fallecido Mongo Santamaría en el documental de Troyano. “No tenía nada, nada, nada. Donde yo iba, ella venía conmigo; se sabía todas las canciones que yo tocaba. Hay una parte de ‘Watermelon Man’ en donde ella grita y cuenta esos chistes suyos. Y el promotor me dice, ‘Mongo, si esta mujer va a seguir con esto, va- mos a ponerle un micrófono’. Yo le dije, ‘Yo no la voy a echar de aquí. Ponle un micrófono’”. Fue así como en muy corto tiempo La Lupe no sólo se convirtió en parte de una banda popular, sino que su voz extática formaba parte del hit más grande de la carrera de Mongo, una cubierta estilo boogaloo de “Watermelon Man”, de Herbie Hancock para Riverside Records y un éxito que la llevaría a estrenar su propio “semidebut” en los Estados Unidos, Mongo Introduces La Lupe. Lanzado justo antes de que Riverside se fuera a la quiebra, su mezcla de jazz latino, mayormente instrumental, y las vocalizaciones al margen de Lupe resultaron, en el mejor de los casos, en un lanzamiento suave. No obstante, su foto y su nombre terminaron en la portada de un LP y le dieron una excusa para irse de gira.
“Cuando ‘Watermelon Man’ estaba caliente, recorrimos el circuito teatral negro, co- menzando con el Apollo, y La Lupe vino con nosotros”, recuerda Marty Sheller, entonces un joven trompetista y naciente arreglista para la banda de Mongo. “Mongo siempre fue extremadamente popular en Nueva York, y en el Apollo tocábamos un par de números y sacábamos a La Lupe. Entonces se involucraba tanto en el acto, se ponía tan febril, que se mordía los costados de las manos y se pegaba. Y cuando la cosa se ponía caliente y Mongo se adentraba en su solo, ella se paraba como a 15 metros y salía corriendo, caía de rodillas y se deslizaba hasta llegar a las congas mientras Mongo seguía tocando. ¡A la gente le encantaba! Ahora bien, los muchachos que trabajaban como tramoyistas en el Apollo habían presenciado tanto ya que nada los sacudía—¡y ella los sacudió! El último número que interpretaba era ‘Afro Blue’, y ahí estaba Mongo tocando su solo, y ella es- taba en su trance, como una loca, y se iba pisoteando hacia un lado del escenario y los tramoyistas aguantaban el telón, y se les podía escuchar diciendo, “¡Ahí viene esa tipa loca! ¡Cuidado, que te pega!”

Tales locuras salvajes sirvieron para aumentar el número de historias y la cobertura que rodeaban a La Lupe, de manera que otras estrellas latinas comenzaron a prestar atención. “Mongo quería salir del circuito de los ‘cuchifritos’”, explica Sheller. “Así que empezó a presentar más jazz, y a La Lupe no le interesaba eso. Ella ya comenzaba a adquirir populari- dad. Entonces fue cuando se unió a Puente, y su carrera se lanzó a la estratosfera”. Mongo, quien había sido por mucho tiempo un príncipe de la percusión en la orquesta del Rey del Timbal, le aconsejó a Lupe que se fuera. Irónicamente, Puente había sido uno de los que
La Lupe in Cuba at Club La Red, El Vedado, 1959. Courtesy of Richie Viera’s Archive.
al principio dudaban del talento de La Lupe, pero ahora la estaba cortejando. “Cuando la escuché junto a Mongo por primera vez, no me interesó su estilo”, Puente le dijo a Roll- ing Stone en 1972. “Ella le llamaba soul, pero yo le llamaba gritería. Entonces escuché un día un disco de Lupe, y me impresionó. Pensé que sería bueno tratar de trabajar con ella, y ver si la podía desarrollar. Yo fui el que consiguió que cantara su primer bolero, ‘Que Te Pedí’, y se convirtió en su primer gran éxito”. El tema, escondido en el medio del lado B de la magistral colaboración de 1965 entre Tito y La Lupe, Tito Puente Swings – The Exciting Lupe Sings, fue de hecho uno que realmente quemaba a fuego lento, uno de tres boleros mezclados con el ruido finamente orquestado que era simbólico de Puente. Bajo la direc- ción de la colección de productores importantes de Tico Records, se convertiría en una de las muchas canciones icónicas que el dúo lanzaría al cabo de dos años y cinco LPs.
El brillo que Puente brindaba fue más que suficiente para catapultar a Lupe (quien ahora era madre) al primer plano de la música latina, capturando el rapto vocal que Lupe había estado liberando ante las muchedumbres a lo largo de la década anterior, y refinán- dolo con su toque de veterano. Lo que no quiere decir que grabar a La Lupe, ya fuera un bolero, rumba, o guaguancó, fuese un paseo. “Era el demonio en bicicleta”, dice el veterano cantante Willie Torres, quien contribuyó varios coros a las sesiones ya clásicas de Tico durante los años 60, incluyendo las de Lupe. “Siempre tenía a todo el mundo al borde”. El ingeniero y productor Fred Weinberg recuerda en la película de Troyano la constante hazaña de capturar la voz de Lupe en el estudio. “Era como un huracán cuando entraba por la puerta. No creo que dos de las tomas de Lupe fueron iguales, o sea que sacábamos de ellas lo que podíamos. A ella no le importaba si se le escuchaba algún ruido raro en el micrófono; [eso] volvía loco a Puente. ‘¡Soy yo!’, decía”.

“Puente se convirtió en un mentor para La Lupe”, escribió el historiador Joe Conzo en un artículo para el Times-Herald Record en el 2004. “Él le proporcionó un ambiente en el
cual ella podía expresar su creatividad”. Con todo lo que se benefició La Lupe del nombre y de la experiencia de Puente, él también se benefició del estrellato de Lupe, que quizás para entonces brillaba demasiado para el ego del Rey. “Ella era cantante en la orquesta de Tito Puente, y así es como le gustaban a él las cosas”, recordó el diseñador de carátu- las de discos y personaje de la música latina Izzy Sanabria en el documental de Troyano. “Pero cuando la gente venía a ver a La Lupe, acompañada por la orquesta de Tito Pu- ente...eso no le cayó muy bien a Tito. Ella era demasiado estelar... Ningún otro artista latino de esa época y en ese género musical había alcanzado ese tipo de exposición”.

Por consiguiente, Tito despidió a La Lupe. Por suerte para ella, Morris Levy, dueño de Tico Records, amaba tanto a su talento y al dinero que se estaba ganando gracias a ella, que le ofreció un contrato como solista. La Lupe rápidamente se dispuso a probarle a su ex jefe (y al cualquier otro escéptico) que era absolutamente capaz de vender discos por su cuenta. El hecho de que Puente esencialmente reemplazó a Lupe con su compatri- ota exilada Celia Cruz tiene que haber contribuido a la ira de Lupe, la cual expresó en letras como, “Y yo que le daba todo a mi jefe Tito Puente / Se me fue con la del frente, y solita me dejó [coro] / Ay ay ay, Tito Puente la botó” / Me botó, me botó”. Sin embargo, en vez de enfrentársele a Celia, La Lupe flexionó sus dinámicos músculos, tirando una curva estilística en su primer LP como solista, Y Su Alma Venezolana, rechazando arre- glos orquestados tipo big band para utilizar en su lugar un set minimalista de pegadizos números acústicos venezolanos. “La Lupe era mi preferida”, dice Izzy Sanabria desde su hogar en Tampa, Florida. “La diferencia entre Celia y ella es que Celia era una dama— gran estilo, gran voz. Pero La Lupe cantaba desde lo mas profundo de su alma. No hay otra manera de explicarlo”.

De 1966 a 1974, el alma de Lupe estaría efectivamente en pleno vigor en una docena de discos, un acontecimiento que pudiera haber sido bautizado—con el mismo nombre de su LP del ’68—la era de La Lupe (La Lupe’s Era). Se había convertido en una estrella financiable a su carismática mane- ra, y en 1969 pasó a ser la primera hispana en encabezar un show en Carnegie Hall, cobrando hasta $10,000 por noche. “Le gusto a la gente porque soy sincera”, le dijo La Lupe a la revista New York en 1969. “Puedes escuchar mis discos en todas las casas del barrio. Le rezo a Dios que nunca pierda mi sinceridad”. Además de vender millones de discos, la invitaban a tocar en festivales de rock con actos como Iron Butterfly, Jethro Tull, las Supremes, y Ray Charles, posicionándose para atraer a los fanáticos del pop sicodélico, un grupo que esperaba comprara su disco Queen Does Her Own Thing, producido por Harvey Av- erne y con arreglos de éxitos de rock y soul por Marty Sheller. Atrajo la atención del Vil- lage Voice, en el cual prácticamente se ex- clamó, “Ella es Janis, Aretha, y Edith Piaf mezcladas en una. Canta baladas mejor que Piaf, y canciones movidas como las otras dos—con locura añadida... Pudiese ganar una fortuna en el ámbito del rock... La Lupe—es devastadora, y parece que se está devastando a sí misma...Jim Morrison, toma nota”.

Morrison no vivió lo suficiente para tomar nota, pero el anfitrión de televisión Dick Cavett sí lo hizo. “Cuando recibió la llamada para presentarse en el programa de Dick Cavett”, recuerda Marty Sheller, “Lupe me dijo, ‘Marty, quiero que me hagas un arreglo de “Afro Blue”. Bobby Rosengarden estaba a cargo de la orquesta [del programa], y Víctor Paz era el trompetista principal. Pero la mayoría de los músicos americanos nunca habían tocado un 6/8 al estilo latino, así es que hacerlo bien tomó varios intentos. Aunque sólo era un ensayo, Lupe empezó a adentrarse en su zona, y los músicos se estaban muriendo de la risa; nunca habían visto nada igual. Pero todo sonaba muy bien. Entonces llegó la hora de grabar el programa y ella salió. Yo dije, “¡Carajo, mira lo que tiene puesto!”
“La palabra wow estaba en boca de muchos”, relató Cavett sobre el episodio en la película de Troyano, comparando la energética presencia de La Lupe con la de Jimi Hen- drix o la de Fred Astaire. “El público sabía que estaba presenciando algo diferente a lo que jamás había visto”. Cuando Lupe terminó su versión frenética de “Afro Blue”, la audiencia nacional televisiva había visto más de sus voluptuosas curvas y su unitardo dorado de lo que hubiese querido ver, sin hablar del casi desnudo Dick Cavett bailando junto a ella.
Mientras tanto, más o menos al mismo tiempo en que La Lupe estaba causando con- troversia en la televisión convencional, Fania Records y su acto principal, las Estrellas de Fania, estaban haciendo un gran revuelo en el mercado latino con música a la que llamaban salsa, e incitando disturbios en lugares como el estadio de los Yankees, que se vendían a capacidad. La salsa era un moderna, joven, e impetuosa vuelta “neoyoricana” a la música afro-cubana que empezaba a revolucionar el ambiente de la música latina en la Gran Manzana y más allá, y que contaba con muchas canciones escritas por Tite Curet Alonso, quien se había lanzado a la fama con su primer éxito, “La Gran Tirana”, del álbum de años atrás, Queen of Latin Soul, de La Lupe. Aunque las candentes energías de ambos hubiesen parecido resultar en un emparejamiento natural, Fania no quería mucho que ver con La Lupe, ya que habían contratado a su única cantante femenina, Celia Cruz, a la que eventualmente llamarían la “Reina de la Salsa”. Por su parte, Celia, la mayor de las dos, respetaba a su colega. “Lupe es una buena intérprete de canciones de la música moderna”, le dijo a Rolling Stone en 1972. “Ese no es mi estilo, pero ella es también una creadora, y yo la admiro por eso”.

Por lo tanto, la única presentación de La Lupe con un conjunto estelar sería con “Sale el Sol” en 1974 en Carnegie Hall, como parte del concierto de las Estrellas de Tico-Alegre, la última llamada para el desvaneciente imperio latino de Morris Levy, el cual pronto sería absorbido por la rápida expansión de Fania. Y aunque su producto fue sólido durante el resto de los años 70, el brillo de La Lupe comenzó a disminuir. La década de los años 80 fue simplemente cruel, a medida que rumores de uso de drogas, problemas económi- cos, un incendio en su apartamento, y una debilitante caída severamente afectaron a la madre de dos, obligándola a depender de la misericordia de refugios para desampara- dos, cheques de asistencia social del gobierno, y de sus colegas músicos. Sabiendo que la música que llevaba dentro no la soltaría, ella soltó a la música, abandonando por completo las presentaciones seculares y cambiando sus creencias santeras por las pentecostales.
En 1992, cuando murió mientras dormía de un ataque masivo al corazón a la edad de 56 (ó 59) años, muchos se reunieron para llorar a una de las estrellas más grandes que jamás habían visto o escuchado. Y aunque ella había logrado más que la mayoría, todavía persistía la sensación de que quizás el ícono controversial no había logrado alcanzar el máximo potencial que Dios le otorgó. Había sido una luchadora toda su vida, superando obstáculos raciales, políticos, y personales a lo largo del camino. “Soy negra y cubana, y no le agrado a mucha gente por eso”, le había dicho a la revista Rolling Stone veinte años antes de su muerte. “La gente es prejuiciada porque uno es negro, son prejuiciados porque uno es gordo... En Cuba existía el prejuicio, pero a mí no me importa. Había prejuicio en Norteamérica también cuando llegué. Todavía sigo luchando por La Lupe, sigo luchando... Canto música soul porque me gusta. ¡Cantaría en China siempre y cuando la gente tenga soul!” “En Cuba me decían loca”, diría La Lupe después. “No me entendían”. El Bronx—en donde actualmente se encuentra La Lupe Way—definitivamente sí la entendió.


Disc 1
1)Con el Diablo en el Cuerpo
2)Fiebre
3)Alma Llanera
4)No Quiero Mas
5)Que Te Pedi
6)Bomba Na' Ma'
7)Elube Chango
8)Lola
9)El Pajarillo
10)Viva Mi Tristeza
11)Los Carreteros
12)Jugando Mama, Jugando
13)Amor Ciego
14)Oriente
15)Jala-Jala Panameño Medley: Si Me Quereis/El Tambor de la Alegría
16)El Amo
17)Golpe Tocuyano
18)Canto a Caracas
19)Barlovento
20)El Carbonero
21)America
22)El Cascabel
23)si Vuelves Tu
24)Que Bueno Boogaloo
25)Te Voy a Contar Mi Vida
26)La Tirana
27)Fever
28)Este Ritmo Sabroson
29)Bembe Pata Pata

Disc 2
1)Guantanamera a la Virgen de Guadalupe
2)Carcajada Final
3)Me Siento Guajira
4)That’s the Way It’s Gonna Be
5)Puro Teatro
6)Fijense
7)Toitica Tuya
8)Saraycoco
9)bring It On Home to Me
10)Once We Loved (Se Acabo)
11)Como Acostumbro/My Way
12)Por Caridad
13)Chumba la Chumba
14)El Malo
15)Ingrato Corazon
16)Cubana Caliente
17)Vagabundo
18)Puedes Decir de Mi
19)Lo Que Paso, Paso
20)Palo Mayimbe
21)Juan Manuel
22)La Mala de la Película
23)Eres Malo y Te Amo
24)Changó
25)Porque Asi Es Que Tenia Que Ser
26)Amor Verdadero

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